Ya te he dicho que nunca antes he sentido esto por nadie, ni siquiera de cerca.
—Lo sé. Es sólo que conozco los pensamientos de otras personas, y sé que el amor y el deseo no siempre recorren el mismo camino.
—Para mí, sí. Al menos ahora que ambos existen para mí —musité.
—Eso está bien. Al menos tenemos una cosa en común —dijo complacido.
—Tus instintos humanos... —comencé. Él esperó—. Bueno, ¿me encuentras atractiva en ese sentido?
Se echó a reír y me despeinó ligeramente la melena casi seca.
—Tal vez no sea humano, pero soy un hombre —me aseguró.


